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Lautaro de Mendoza Nº 368
Gran Logia de la Argentina de Libres y Aceptados Masones

¿Qué es la Masonería?

Es una institución esencialmente Filosófica, Filantrópia y Progresista.

Es Filosófica porque estudia al hombre desde su interioridad para entender a sus semejantes; es Filantrópica porque la ayuda fraterna humanitaria es un sólido pilar de su accionar; y es Progresista porque desde los más antiguos tiempos ha comprometido sus esfuerzos para lograr el mejoramiento de la condición humana, tanto en lo material, lo intelectual, como en lo espiritual.

La Masonería es una antigua sociedad fraterna de índole iniciática. Es iniciática dada la solemne ceremonia ritual de ingreso a su seno, al que puede acceder todo hombre libre, de buenas costumbres, comprometido en la búsqueda de conocimiento y valores espirituales.

La Masonería posee un simbolismo basado en la construcción. Masón significa "albañil". Para cada miembro de la Orden, el simbolismo masónico es un factor de inspiración para el perfeccionamiento de sí mismo en todos los órdenes, y para el mejoramiento de la sociedad en el ámbito en que se desempeña.

Declaración de Principios de la Masonería

Sus principios son: Libertad, Igualdad y Fraternidad ; y su lema: Ciencia, Justicia y Trabajo . Se propone la investigación de la verdad, la perfección del individuo y el progreso de la humanidad.

Para el esclarecimiento de la verdad no reconoce otro límite que la razón humana basada en la ciencia. La Masonería exige de sus adeptos la más amplia tolerancia y por ello respeta las opiniones políticas y las creencias religiosas de todos los hombres. Reconoce que todas las comuniones religiosas y políticas merecen igual respeto y rechaza toda pretensión de otorgar situaciones de privilegio a ninguna de ellas en particular.

Procura por los medios lícitos a su alcance dignificar al hombre, capacitándolo en la búsqueda por un desarrollo superior de la conciencia, para el mejor uso de sus derechos y libertades.

Condena la intolerancia, abomina el fanatismo y declara su repudio por los regímenes de fuerza y violencia como contrarios a la razón y denigrantes para la especie.

Reconoce a la fraternidad como condición primordial del género humano, es substantivamente pacifista y considera que la guerra es un crimen horrendo.

La Masonería estima que el trabajo es un deber esencial del hombre, y como tal lo dignifica y le honra, sin establecer distingos ni categorías, pero juzga que el descanso es un derecho y se esfuerza porque la vejez, la invalidez, la infancia y la maternidad gocen de los beneficios del amparo que son acreedores.

Todo masón acepta las leyes del país en el que vive. Los principios de la Orden no se contraponen jamás con el deber de sus miembros como ciudadanos.

La Masonería Antecedentes y Orígenes

Durante la Edad Media (siglos V a XV), los picapedreros, canteros o artífices que labraban las piedras, formaron cofradías y corporaciones integradas por personas instruidas que adquirieron celebridad y gran influencia social. Estas corporaciones, como la de los arquitectos, dieron origen al surgimiento de las logias masónicas. Esas sociedades reunían a muchas personas que en ese ámbito recibían diversas enseñanzas, trabajaban, vivían comunitariamente y lograban protección ante la violencia del mundo feudal.

La construcción de templos, iglesias, abadías y catedrales se constituyó en un oficio ventajoso y bien remunerado, aunque los príncipes y la Iglesia siempre miraron con desconfianza a esos grupos que guardaban conocimientos e información a los que no podía llegar fácilmente la mano del poder eclesiástico o secular.

Uno de los documentos más antiguos que hace referencia a una organización semejante es un edicto de Rotari, Rey de Longobardos, del 22 de noviembre del año 643, donde menciona a los maestros Comacinos. Los misteriosos Maestros Comacinos eran un gremio de arquitectos que vivían en una isla fortificada en el lago Como, en la época de disgregación del Imperio Romano. Se decía que habían enseñado los secretos de la geometría pitagórica y los métodos de la arquitectura a los constructores italianos de Rávena y de Venecia, y a través de estos a los gremios de artistas y artesanos de la Edad Media. Los maestros Comacinos habían recibido la influencia de las hermandades de arquitectos hebreos, bizantinos y cristianos.

El Emperador Romano Dioclesiano (243-313) martirizó a cuadro mecenas aristocráticos que apoyaban la arquitectura de los cristianos, así como a cuatro canteros con su aprendiz: Claudio, Nicóstrato, Sinforiano, Castorio y Simplicio. Los mártires se convirtieron en santos cristianos y sus emblemas (el martillo, el mazo, el compás, la escuadra, la plomada y el nivel) fueron utilizados por los collegia romanos y luego pasaron a los Maestros Comacinos.

De la Masonería Operativa a la Masonería actual

El paso de la masonería operativa (la de los constructores medievales) a la masonería especulativa (o simbólica) actual se produjo en un largo período y a través de complejos cambios.

En la Alta Edad Media los mercaderes pagaron de muy buen grado la construcción de las primeras iglesias junto a las plazas donde desarrollaban sus negocios, pero en el siglo XVI todas las capas sociales estaban exhaustas por el mantenimiento de la Iglesia. A fines de la Edad Media y durante el Renacimiento, las grandes catedrales estaban terminadas, se realizaban otras construcciones civiles o militares, pero se recurría a diferente mano de obra, más económica, los príncipes y reyes dejaban de lado a las antiguas cofradías de albañiles.

Entre los masones operativos surgió la costumbre de conferir la iniciación a hombres que no pertenecían al gremio de los constructores (nobles, burgeses, artesanos, sacerdotes, etc.) a los que se quería honrar por defender ideales comunes u otras razones (también las del poder político). A estas personas se las llamó "Aceptados".

Documentos señalan que en el año 1275 se realizó la primera asamblea de maestros masones germanos.

La Masonería tal como se conoce actualmente surgió en el siglo XVIII, y las principales fuentes para su estudio datan del siglo XIX.

El doctor James Anderson (1678-1739) , un escocés presbiteriano a quien se considera el mayor historiador de la francmasonería, sostuvo que en el año 926 se realizó la primera Asamblea Masónica de York, pero no existen constancias de tal evento.

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